El satén no es una fibra, sino un tipo de tejido con ligamento satinado que se caracteriza por su superficie lisa, brillante y sedosa al tacto. Puede elaborarse a partir de distintas fibras, como poliéster, acetato o seda natural, lo que influye en su calidad, caída y precio. Su brillo característico se obtiene gracias a la disposición de los hilos en el telar, que dejan visibles más hilos de urdimbre que de trama. El resultado es una tela elegante, con un aspecto lujoso y una textura suave, ideal para prendas que buscan resaltar.



El satén es muy utilizado en la confección de vestidos de noche, blusas, faldas, lencería y camisas, así como también en forrería de sacos y chaquetas. En decoración, se usa en cortinas, manteles y ropa de cama, aportando brillo y sofisticación. Su caída fluida y su capacidad de reflejar la luz lo convierten en una tela ideal para diseños que buscan movimiento y presencia escénica. Dependiendo del tipo de fibra con que esté elaborado, puede ser más o menos resistente y tener diferentes grados de elasticidad.
Para cuidar las prendas de satén, se recomienda lavarlas a mano o en ciclo delicado con agua fría y un detergente suave. Es importante no retorcer la tela ni exponerla al sol directamente, ya que puede perder brillo. El planchado debe hacerse del revés y a baja temperatura, preferiblemente colocando un paño entre la plancha y la prenda. Si el satén es de seda natural, es mejor recurrir a la limpieza en seco profesional. Con estos cuidados, la tela conserva su lustre y textura por mucho tiempo.